viernes, 26 de octubre de 2012

Amor, siempre Amor.

Mírame, sonríeme una vez más. Vuelve y abrázame como cada día lo hacías. Ven, no me digas más que me extrañas, ven, no sufras más.
Cógeme de la mano por la calle, sorpréndeme con palabras sinceras, tócame el corazón, arráncame el dolor.
Corre, déjame correr detrás tuya como lo hacen en las películas, déjame taparte los ojos con mis manos para que te gires y brillen tus ojos al verme.
No te vayas cuando te necesite, yo siempre estaré, siempre como siempre estará en mi todo lo que me hiciste sentir. Siempre como aquel “SIEMPRE” que escribimos en el árbol, siempre como siempre.
Llámame a la noche, sólo para desearme buenas noches, llámame para escuchar ese timbre de voz que remueve todo mi al rededor, que estremece mi cuerpo, que hace temblar mi voz al pronunciar un “adiós”.
Sueña que eres la persona perfecta, despierta con ese “no se que” que me traes siempre; empápate de esa colonia que me hace olvidar que existe algún olor más. Párame el reloj cuando eso ocurra, cuando toda la mágia nos rodee, cuando nada se entrometa, cuando salga de tu boca la palabra amor y yo te responda: Amor, siempre Amor, no me importará no saber que hora es... nunca más.
Cuando nos cojamos las manos, nos miremos a los ojos, cuando los latidos aumenten y resuenen como piedras en parquet, cuando en el palacio de nuestro amor no coja nadie con mal corazón... Mírame, sonríeme una vez más.

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